Un sueño hecho viaje, Astoria.

Escrito por - julio 23, 2018

Dicen que a veces los sueños se cumplen. Tranquilidad, no voy a hablar sobre Paulo Coelho ni de “El secreto” en plan el universo conspira para cumplir lo que deseas. Pero es que a veces es así.


Desde chiquitita me ha gustado el cine. Nací en 1980, así que me he criado adorando a Spielberg, como no podría ser de otra manera. Cada tramo de mi infancia ha sido marcada por alguna de sus películas, ya sean dirigidas o producidas por él.  Creer en los extraterrestres por E.T o Encuentros en la tercera fase. La navidad no sería la misma sin tener los Gremlins de fondo mientras montamos el árbol. Nadar en el mar y no pensar en Tiburón es casi imposible en mi caso. Morir de terror al ver una tele encendida sola en medio de la noche gracias a Poltergueist. Sentir que tienes un corazón aventurero como Indiana Jones y enamorarte sin remedio de Marty Mc Fly en Regreso al futuro. Pero sin duda alguna mi gran debilidad: Los Goonies.


Los Goonies marcaron mi infancia. En un mundo donde la máxima tecnología era un "walkie talkie" ver los Goonies era lo más. Pandilla de chavales, un tesoro pirata, unos malos italianos, bicis, persecuciones, aventuras, todos los ingredientes para dejarte enganchada toda tu niñez. Todo eso y una cosa más, el ambiente cálido y hogareño de los escenarios. Ese pueblito costero que te lo puedes recorrer en bici, esas casas de madera en medio de árboles enormes, y esa playa infinita llena de rocas y acantilados, me encantaba ese sitio.
Años más tarde me enteré de que ese sitio existía de verdad que estaba en Oregón y que se llama Astoria. Y no sólo eso, la casa de los Walsh seguía en pie!, bueno la casa y casi todo el escenario de la peli. De hecho era y es un sitio de peregrinación de los fans de la película. Bueno, bueno, bueno…  Pero, que va! Cómo voy a ir yo hasta Oregon para ver una casa y un pueblo! Vete quitando esa idea de la cabeza y pongamos los pies en la tierra.

Siguieron pasando los años, y llegado el momento de organizar el viaje de unas vacaciones se me encendió la bombilla. Teníamos organizada una ruta en coche por la costa Oeste de Estados Unidos. Un viaje en el que íbamos a recorrer la costa de California y… un momento, Oregon colinda con el Norte de California, ups! Casualidad o no nos pusimos a ver vuelos y cuadrar fechas para poder visitar Astoria. No sé si lo he dicho pero mi marido es más fan que yo de los Goonies y  tengo archivos que lo demuestran, pero será mejor no mostrarlos no me vaya a costar un disgusto conyugal.

Así que sin haberlo planeado adrede me ví subida en un avión cuya primera parada me iba a llevar a Astoria!! Sí señores, iba a cumplir uno de mis sueños de niña y eso merece la primera entrada sobre viajes de este blog. No conozco a nadie más que haya estado allí así que creo que puede resultar curioso llevarte de paseo hasta los muelles de Goon.


Astoria es un pueblo precioso. De esos donde no hay edificios altos, la gente es amable y se respira tanquilidad. Sólo llegar ya es bonito, tienes que atravesar carreteras estrechas entre bosques verdes con árboles gigantes, o pasar por majestuosos puentes sin poder evitar recordar escenas de otras películas. Disfrutar del viaje y no sólo del destino es uno de mis lemas, así que verme en un coche con mi chico y recorriendo parajes así  fue algo inolvidable.
Nos alojamos en el  Hotel Commodore. Queríamos algo céntrico para poder disfrutar a tope nuestra estancia y poder ir a pie a todos los sitios que teníamos pensado visitar.



No esperábamos que el hotel iba a tener tanto encanto. Situado junto a los muelles el hotel Commodore olía a hogar, no sé como describirlo pero esa fue la sensación que me dio al entrar. Además la cafetería no podía gustarme más, seguimos sumando puntos. Estaba deseando pedir un desayuno con tortitas y sirope de caramelo, "donde  vayas haz lo que veas", no?.


A pesar del cansancio por el vuelo y luego el camino en coche hasta llegar a Astoria, soltamos las maletas y sin cambiarnos ni descansar nos echamos a la calle. 



Menuda experiencia me esperaba y yo que soy una persona muy emotiva y sentimental  no podía dejar de llorar al sentir que estaba allí. Era como si le hubiera abierto una puerta a mi niña interior y la dejara disfrutar de ese viaje, para ella solita.


Edificios como la cárcel (reconvertida en un museo de la película y de otras que también se rodaron en el pueblo), la bolera,  el museo de historia y como no, la casa del protagonista. No pudimos evitar hacernos la típica foto frente a la casa, a pesar de que el actual dueño no nos pusiera muy buena cara.  Un dato curioso, fuimos en agosto de 2015, justo en ese año se celebraba el 30 aniversario del estreno de la peli con lo que las visitas a esa casa fueron muy numerosas. Un goteo incesante de curiosos haciéndose fotos en la puerta de tu casa o incluso, los más maleducados, tocando al timbre haciendo el “supermeneo”. Normal que los actuales inquilinos unos días después de nuestra visita decidieran tapar la fachada por estar hasta las narices!



Otro de los emplazamientos emblemáticos de la peli nos llevó hasta Cannon Beach. Es la playa que sale en la peli y que no está en Astoria si no a 40 minutos en coche, con lo que eso de ir en bici tal y como lo hacen los goonies no es del todo cierto. 




Esa costa es un espectáculo natural, estoy acostumbrada a ver playas, vivo muy cerca del mar, pero esas playas del pacífico son otra historia. Cannon Beach forma parte de una reserva natural, puedes pasear por sus bosques frente al mar, ver a los surfistas sobre las olas o darte una vuelta por en centro del pueblo comer y disfrutar viendo las casas preciosas que hay frente al océano.



Resumiendo, para mí uno de los lugares más especiales que he visitado, ya no por su rareza o su belleza (habrá miles de sitios más peculiares que este) pero, cuando eres niño todo lo ves de manera diferente. Todo lo vives con más ilusión y lo disfrutas con los 5 sentidos y este viaje no lo hice yo, si no mi niña interior enamorada de las pelis de Spielberg.

Te animo a que hagas algo por tu niña o tu niño interior, no tiene por qué ser un viaje, intenta recordar algo que te apasionaba pero no tuviste la oportunidad de hacer o simplemente echas de menos. Con el paso de los años olvidamos cómo disfrutar de las experiencias a tope. Cuando eres niño simplemente estás aquí y ahora, no piensas en  que tienes que terminar pronto para hacer la cena o tender la lavadora, por eso conseguíamos disfrutar más y hacer que el tiempo se parase. Los veranos eran eternos y una tarde en la piscina duraba una eternidad.

Así que párate, despreocúpate y sólo disfruta!!

Y recuerda "Los Goonies nunca dicen muerto"

Besos, 

Vanesa




You May Also Like

0 comentarios