Entonces llegó ella, La California.

Escrito por - julio 16, 2018



¿Quién no ha pasado por la puerta de una agencia de viajes y se ha quedado mirando las fotos de los destinos paradisíacos? Te imaginas en esos lugares y hasta piensas fechas que podrías cuadrar para poder ir. Luego ves el precio y desistes… o piensas: a ahorrar! A mí me pasa constantemente, me encanta ver documentales de viajes, seguir en las redes sociales a gente que vive viajando e imaginarme que algún día yo podría ser una de esas personas. Luego echas raíces y todo se complica, aunque no quieras, se complica.

Siempre me ha gustado viajar. Afortunadamente es una afición que comparto con mi chico. Hemos viajado todo lo que nos ha permitido la agenda y el bolsillo.  Destinos como Nueva York, Los Ángeles, Las Vegas, Orlando y sus parques Disney, Oregón, Méjico, Tailandia, Londres, Milán, París, cruceros por el mediterráneo, son algunos de los destinos que elegimos antes de ser padres. Cuando me quedé embarazada de Luca ya teníamos previsto ir a Maldivas  pero este viaje se quedó en el tintero. 

Luca nació y yo pensaba que todo sería más fácil. Me veía como las influenciers internacionales con sus bebés a cuestas recorriendo el mundo aereopuerto tras aereopuerto… qué ilusa… si sólo salir por la puerta de mi casa ya me daba canguelo por si mi niño se ponía enfermo o por no encontrar ningún sitio donde calentar el biberón. Como para irme a otro país!! Habrá quien se líe la manta a la cabeza y lo haga, que seguro que luego no es tan complicado, pero nosotros decidimos esperar a que Luca fuera algo mayor. 

¿Y ahora qué?, ¿Qué vamos a hacer?
Pasaba el tiempo y no nos sentíamos cómodos con nuestra nueva vida, en cuanto a cómo disfrutar del tiempo libre se refiere. Llegan las vacaciones y la idea de alquilar un apartamento en la playa en verano está muy bien pero a nosotros nos va más la acción. Si íbamos a relajarnos en el tema de los viajes yo necesitaba un cambio o la vida de mamá novata en apuros empezaba a “apretarme”. Es entonces cuando surgió la idea de comprar una furgoneta. A decir verdad mi marido ya quería una furgoneta desde hace tiempo pero era yo la reticente. Me gustaba seguir en las redes a gente que viajaba en furgo por el mundo como @project.vanlife o @vanlifediaries. La fotografía es uno de mis hobbies y ver fotos de ese estilo de vida me encanta. Pero de ahí a comprarme una furgoneta y lanzarme a la carretera con un bebé… va un trecho bastante laaarrrgoo.

Tras pensar poco y escucharme mucho dije: “y por qué no!!!” o salgo de mi zona de confort o me asfixio. Ha llegado el momento de vivir las experiencias que tanto me había imaginado. No sabíamos si saldría bien o no, pero en eso consiste el juego de vivir, no?. Apostar y arriesgar por lo que quieres, si sale bien perfecto y si no por lo menos te quitas la espinita de no haberlo intentado.

Y así llegó ella, La California. Y llegó para quedarse. Tener una furgoneta donde poder dormir y cocinar donde quieras te da mucho juego. Inconvenientes tiene, no nos vamos a engañar, espacio limitado, no tienes las comodidades de tu casa, etc. Pero al fin y al cabo lo que quería era salir de mi casa y cambiar nuestra manera de viajar, objetivo conseguido. Dormir en la orilla del mar, o cerca de un río, despertarte no con vistas a la montaña si no entre montañas, eso es calidad de viaje señores. Y lo más importante, a Luca le encanta.

De momento estamos haciendo viajes cortitos y no a muchas horas de casa para ir cogiéndole el truquillo, porque como todo, tienes que hacerte con el espacio y saber organizarte para que no te falte de nada y estar cómodo, ese es otro capítulo bastante divertido y quien viaje en furgoneta me entiende.  Por ejemplo, yo soy muy de "por si acaso", me llevo este modelito por si vamos a cenar, le pongo al peque un par más de pantalones por si hace frío, ay! nos vamos a llevar estos cojines tan chulos para la siesta... ¿Dónde vas alma de cántaro?!!! Qué no cabe!!!, como para llevarte el secador de pelo...

Así que de momento la mayoría de nuestras escapadas están siendo a campings donde tener algo más de comodidades, a mí de momento me da más tranquilidad.
Pero no te vayas a creer que sólo un entorno natural y salvaje puede ser bello. Nos estamos encontrando sitios maravillosos y con un encanto espectacular. 

Un lugar que hemos descubierto y nos ha encantado hasta el punto de repetir es el camping Albergue Villa Carmen situado en Bocairent (Alicante). Es un sitio con un encanto especial, situado en las afueras de la localidad pero al que puedes ir a pie si lo deseas. 

El entorno es de lo más bonito, Bocairent es un pueblo amurallado con muchos rincones y curiosidades que ver. Puedes entrar a ver las “cuevas de los moros” o pasear por su barrio medieval disfrutando de sus calles con casitas preciosas. 
Si algún día vas no olvides comprar pan casero en la panaderia de enfrente del mercado y un tarrito de “pericana”, una especialidad de allí hecha a base de tomate seco, aceite de oliva y bacalao. Y ya puestos tambien puedes venirte arriba y tomarte un chupito de “herbero”, un licor bastante fuertecito muy popular de la zona.
En cuanto llegué a Villa Carmen me entraron ganas de quedarme a vivir allí, algo muy común en mí ya que me entusiasmo en seguida con todo. Pero es que es un lugar lleno de rincones donde no dejas de sorprenderte.
                                                                                                                                                                                     
Esta es nuestra furgo, La California.

La zona de acampada es pequeña aunque tiene el tamaño suficiente para que no te llegues a agobiar. Tiene un espacio  común donde puedes cocinar, tanto bajo techo como en barbacoa, y además zonas para comer llenas de encanto. Mesas y sillas de diferentes colores, sillones en pérgolas, colecciones de libros y juegos.Luca lo pasó en grande en el arenero lleno de juguetes. Si vas con niños ten por seguro que no se van a aburrir ni un minuto.

No me digas que no te entran ganas de tumbarte en medio de estos árboles con una taza de café y un libro. O simplemente quedarte ahí sentado oliendo la hierba y disfrutando de las vistas. Aquí pudimos encontrar la tranquilidad que íbamos buscando. Además los trabajadores del camping son de lo más discreto y solo aparecen si los necesitas y con una amabilidad encantadora. Hay piscina y un estanque con peces donde pasar un rato al fresco.

Otra de las zonas a la que puedes acceder es un área con una casita infantil, mesa de pin pon, columpios en los árboles y canasta de baloncesto entre otras cosas. Por si te cansas de tanto relax o el niño te pide guerra tienes opciones para que se entretenga y disfrutes de unas risas con otros campistas con los que jugar o charlar.



Esto es un ejemplo de escapada furgonetera, mil y un rincón por descubrir, con la libertad de poder parar donde quieras y el tiempo que quieras. Esto no quiere decir que vaya a dejar de viajar de manera tradicional, que ir de hotel también me gusta, y mucho, pero como la vida se trata de fluir, fluiremos en furgoneta hasta ver dónde nos lleva el viento.

Suena bien, ¿no?

Besos,

Vanesa.

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2 comentarios

  1. Desde luego, si que suena bien si!
    Y vaya fotos bonitas (L)

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    Respuestas
    1. Os veo en furgoneta a los 4 ahora mismito Patri, en un futuro no muy lejano ... ;)

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